El mejor disco




Julio de 2009. Queda todavía medio año por delante pero todo parece estar demasiado claro, casi evidente. No tengo las más mínima intención de apurarme en vano ni hablar de más pero los hechos me superan. Sí, es Julio y, a pesar de una creciente sensación de vacío musical generalizado -sobre todo después de poner a prueba alrededor de cuarenta discos modelo 2009 y resignarme a la resignación-, estoy “casi” seguro de haber escuchado el mejor álbum que vaya editarse en estos doce meses.


El disco se llama Merriweather Post Pavilion y está acreditado a la autoría de Animal Collective. Bastarían sólo esos datos para terminar de justificar este híbrido a mitad de camino entre elección ciega y vaticinio casi religioso. Sin embargo, y con el riesgo latente de prescindir de los límites entre crítica y fanatismo, el octavo disco de los neoyorquinos obliga a un análisis interconectado de factores externos e internos. Un análisis que sea capaz de dar cuenta de un todo que, desde el comienzo, se dibuja como una aventura artística imprescindible para los tiempos que corren. Nuestra propia contemporaneidad.

Desde el comienzo se trata -nuevamente- de un ir-más-allá a cargo de la banda más original en tiempo presente. Su último trabajo, Strawberry Jam (2007), parecía marcar, al menos de manera provisioria, un techo artístico difícil de superar. No era para menos, el disco era la síntesis misma del sonido acuñado por la banda en su búsqueda continua hacia una dialéctica entre pop y experimentación, una dialéctica que en este caso parecía alcanzar un equilibrio perfecto. Sin embargo, menos de dos años después las cosas parecen haber cambiado. El reciente Merriweather Post Pavilion no es sólo un gran disco, sino quizás el mejor disco de Animal Collective. Y no es exagerado reclamar es título porque, simplemente, parece -y puede- ser cierto.

Una vez más, el ahora trío cambia de rumbo como si nada, sin ningún tipo de incomodidad. A su ya clásica reminiscencia a los más desenfrenados Beach Boys de Brian Wilson o la música folklórica australiana (o filipina, o senegalesa, o…), la banda agrega un costado electrónico nunca antes explorado, con bases bien profundas -casi subterráneas- que, encuadradas en su propio estilo irregular e imprevisible, proporcionan una nueva textura al sonido del grupo. Como en su momento lo fueron el concretismo o la desobediencia tonal, esta vez el eco, la reverberancia y los espacios infinitos son actores principales de un espectáculo sonoro que no reniega del pasado y se encauza definitivamente en una idea clara de futuro.

Y es que, sin dudas, es ese el logro principal de este disco: de comienzo a fin se transmite la idea de que hay todavía mucho para hacer. La obra en sí es un desafío contra el tiempo como eje de análisis estético y contra una idea de avance inhibida frente al preconcepto de la repetición. Después de tanto escarbar, hay una luz al final del túnel y esa luz supone no sólo un punto de llegada -éste disco-, sino también un comienzo casi desde cero orientado a la búsqueda de aquello que parece imposible encontrar (otra vez). Como siempre, la idea es seguir yendo hacia adelante sin importar cómo y eso, en términos de Animal Collective, implica estar preparado para la sorpresa constante, para que, incluso, el próximo disco sea aún mejor. Parece difícil pero, casi con seguridad, en un par de años seré, placenteramente, preso de esta misma contradicción.

Sin embargo, más allá de una cuestión de decisión estética grupal, este disco ha logrado lo que (casi) nadie ha podido en esta década que empieza a irse. Kid A (2000) de Radiohead parecía, hasta el momento, el disco cumbre de estos diez años como muestra última de originalidad y contundencia, sin embargo, Merriweather Post Pavilion intenta demostrar que, aunque parezca mentira, sigue siendo posible igualar en términos artísticos y semióticos los logros de una obra tan paradigmática como Sgt. Pepper’s… (1968) o Loveless (1991). Quizás sea apresurado, es cierto, pero la esperanza late al menos un poco más fuerte.

Se trata, sin más, de un disco que devuelve la fe perdida y hace frente al desencanto general a través de una obligación sensorial que se hace ineludible. No sólo es un quiebre dentro de la discografía del grupo sino que representa una posibilidad de crecer en términos artísticos globales. Como síntesis de distintos elementos logra convertirse en un principio de paradigma que puede marcar el camino a seguir en un futuro no muy lejano y, por lo tanto, debe -necesita- ser considerado como un intento piloto. Sin exageraciones, como principio de emancipación y eje de acción de cara al futuro.

Por todo esto, Merriweather Post Pavilion es el mejor disco del año y eso no tiene nada que ver con una cuestión de calendario. Es Julio pero poco importa, no se trata de una carrera contra el tiempo ni de una elección más entre el montón. El álbum es una puerta de entrada a lo que puede llegar a ser la música -como idea fuerza- en poco tiempo más y eso sólo alcanza para que sea elogiado desde su concepción misma, aquí y ahora, sin la necesidad de construir un culto al pasado perdido dentro de unos cuantos años. En pocas palabras: la música vista una vez más como una auténtica obra de arte, destinada al regocijo y la percepción pormenorizada, a la contemplación de algo que está más allá de los vestigios del arte como forma de producción (y reproducción). Imposible dejar de maravillarse.

Juan Manuel Pairone

11 comentarios:

Viqui dijo...

No, no escuché.
Pero está re buena la tapa del cd, jaja. Mentira, pero me gusta que parezca que se mueve -OP ART-

ma rí a dijo...

creo que cuando se trata de animal collective pierdo toda capacidad de objetividad. de todas formas, después del "boom" que fue strawberry jam, no podían hacer nada más perfecto que mpp. terminaron de demostrar y desmentir cualquier rumor. son enormes.

y deberían volver.

marie dijo...

mmm, no me gusta mucho animal collective..

Vale dijo...

mmm para mí no sé si está tan claro ni evidente! hay que esperar un poco más... todavía queda medio 2009. no escuché el disco de animal collective (voy a hacerlo), pero sí creo que hay algunos que podrían ir rankeando (aunque repito: hay que esperar hasta diciembre), a mí personalmente me gustaron bastante el de camera obscura, el de kasabian, el de the decemberists, el de regina s., el de moz, y eso que todavía no escuché el que sacó el cantante de sigur ros y todavía falta el de los monkeys... en fin, a comparación de tu "vacío musical" yo parezco ser una entusiasta de la música (entiéndase por esto aquella persona que se entusiasma con cualquier cosa que escucha).
pd1: por qué tenías que mencionar a la semiótica? (tan bien reprimida que la tenía)
pd2: no puedo dejar de mirar la tapa de merriweather...

lala ~ dijo...

ah, este me gustó. el anterior no lo escuché y el otro no me gustó.

qué viva la libertad de inexpresión!

lala ~ dijo...

que viva telecom que me devolvió internet y una vida (!) unas horas antes de ponerme a estudiar.

felcho dijo...

que psicodélico el coverart, pero animal collective no me va. queremos que the strokes saque nuevo cd y que hagas la critica. o de humbug (?)

Floripondio. dijo...

que buena portada del cd, es musica que y o usualmente no escucho.

Saludos. Sr.

Gracias por pasar por mi blog,

javi dijo...

excelente nota!! yo q creia q no se podia expresar c palabras lo grandiosa q es esta banda y el disco... (t faltarian un poco d ruiditos) ....y al q no le gusta animal collective mejor, mas para nosotros! un abrazo

santi dijo...

no lo escuche.

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mirá fijo la tapa, es re flashero mannnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn

maggie may dijo...

jaja no,esa no, Criag Nicholls me parece sumamente interesante (me gustan los feos,siempre fue asi). Que bueno que mencionas ese video,una banda de aca (dps te digo cual,tengo que buscar(?)) les copio ese video pero fue un choreo a mano armada osea no se puede dios,ademas no se,michel es uno de mis directores favoritos,con el no! (ESO NO!)