Creación/expresión




“La música es la labor de un espíritu generoso que (con esfuerzo o no) reúne nuestras fuerzas primitivas y nos las ofrece, no para que las recobremos: para dejarnos constancia de que allí todavía andan”. Eso es lo que piensa y escribe María del Carmen Huerta, reencarnación femenina del escritor colombiano Andrés Caicedo en su novela ¡Qué viva la música! Esa es, también, una de las mejores formas de definir una posible razón-de-ser detrás de la música como disciplina de creación artística. Y es que más allá de la especificidad de un lenguaje propio y de la existencia de un vasto campo teórico y técnico, la música en todas sus formas no deja de ser una de las más antiguas vías de expresión y, como tal, se convierte en una ofrenda capaz de hacernos recordar el significado de la palabra sentir.

Precisamente, es este mismo sentir el que convierte al valor expresivo en otro de los motores fundamentales detrás de la idea de hacer música. Más allá de las innegables capacidades técnicas propias del sujeto creador, toda obra musical constituye la materialización definitiva de un conjunto de sensaciones subjetivas, las cuales, a su vez, sirven como fundamento de determinadas decisiones formales. Consecuentemente, pensar en una música sin emociones es imaginar un estímulo sonoro vacío de contenido expresivo y, por lo tanto, carente del humanismo propio de la actividad artística. En pocas palabras, un gesto autómata que se aleja inexorablemente del concepto de obra de arte.

Basta escuchar con un poco de atención un puñado de canciones “radiables” para darse cuenta de que este vaciamiento es un fenómeno cada vez más pronunciado. Sin embargo, la conjunción entre creatividad y expresión puede percibirse de manera instantánea en muchas otras obras -de acceso decididamente más restringido-, aquellas que insisten en un concepto de música similar al planteado por la protagonista de la novela de Caicedo. En relación a esto, el último disco del dúo americano Beach House es, con seguridad, un ejemplo claro de la importancia de aquellas “fuerzas primitivas” que rodean a la creación. De hecho, sus canciones pueden ser vistas como la culminación de un proceso introspectivo que deviene en creación formal y, por lo tanto, hace extensivo el vínculo entre expresión y decisión estética.

Al mismo tiempo, Teen Dream es la refinación máxima del estilo inconfundible de Beach House. Luego de dos discos -Beach House (2006) y Devotion (2008)-, el dúo ha podido alcanzar un sonido depurado que le permite abordar distintas estructuras sin perder su propia identidad y sin caer en la uniformidad de un sonido desgastado. Con seguridad, se trata del disco más amplio de la banda en materia estilística e instrumental pero, aún así, la sensación de estar escuchando a la banda que uno conoce es inconfundible. Teen Dream es, en este sentido, la confirmación del espíritu de Beach House a partir de una reestructuración cromática de su sonido que, a su vez, logra profundizar la expresividad detrás de cada una de las canciones.

Lo anterior se sostiene en dos cuestiones fundamentales. Por un lado, la voz de la cantante Victoria Legrand se escucha en un primer plano inobjetable. Gracias a un registro de alta fidelidad, suena más personal que nunca, cálida y fría según la necesidad y con ciertos rasgos masculinos que la convierten en objeto de comparación con la legendaria Nico. Por otra parte, la instrumentación vuelve a ser fundamental a la hora de ornamentar las historias contadas por Legrand pero esta vez desde una profundización de la búsqueda de nuevos matices. Frente al sonido más bien plano y estructurado de los dos primeros discos de la banda, Teen Dream explora diferencias tímbricas y rítmicas que enriquecen el particular registro de su cantante y tejen una trama más orgánica e intensa en materia emotiva.

El resultado final es elocuente. Cada una de las once canciones que componen Teen Dream brilla de manera especial dentro del conjunto. Y en esto, la instrumentación y los arreglos son, en cada caso, fundamentales. De hecho, se distingue un trabajo obsesivo a la hora de encontrar el sonido exacto de cada parte de teclado -órgano, piano, hammond y demás se debaten protagonismo de manera constante- o el momento de usar una línea de guitarra según la necesidad expresiva de la voz. Así, el juego semitonal de la guitarra en “Zebra” o el vaivén de los teclados en “Norway” no son simples agregados; se transforman en elementos fundamentales para la integridad misma de la canción y para lo que ésta pretende transmitir. Voces e instrumentos son, en definitiva, partes complementarias de un discurso íntegro. Ambos vehiculizan una y la misma necesidad expresiva a partir de una determinada elección formal que respeta las necesidades de su espíritu creador.

Por eso, no extraña que el plano instrumental tenga continuidad en lo lírico. Almas plateadas, cazadores de corazones solitarios y miradas ausentes son algunas de las figuras retóricas que componen la temática del disco. Decididamente, esta poética no hace más que realzar la atmósfera de ensoñación que ayudan a crear los teclados y la voz envolvente de Legrand registrados en una iglesia convertida en estudio de grabación. De hecho, las palabras parecieran desprenderse simbólicamente de los sonidos que construyen cada momento y musicalizan el relato oníricamente. En esto es esencial la pronunciación y la entonación a cargo de Legrand. Las palabras que se escuchan significan algo para alguien; son significantes para hablar de un universo íntimo que, finalmente, se materializa en forma de canción.

Y así, casi sin planteárselo, Teen Dream aparece como un disco verdaderamente especial. La belleza de su música es directamente proporcional a su impacto en materia de emociones. Una tras otra, las canciones se desenvuelven naturalmente y construyen un relato cargado de colores y sensaciones. Pero, además, ayudan a entender que la música no es -no debería ser- un producto vacío, frívolo y atemporal. Teen Dream puede verse, entonces, como el resultado de un proceso creativo y expresivo, testimonial en sentido amplio, dónde la elección de una determinada forma estética está sujeta a una decisión fundamentada en el rasgo autoral (y por ende personal) del compositor. En definitiva, un lugar en el que la música y su génesis se entienden desde un costado genuinamente humano: el de los sentimientos.

Juan Manuel Pairone

7 comentarios:

Belenie dijo...

Te juro que lo pensé, pero no es lo mismo. Nunca creí legar a pegarme tanto a un objeto, pero creo que lo hice. No sé, igual en poco tiempo creo que solitas van a terminar de morir, y habrá que aceptar su muerte.
( Además, si me compro otro par, me van a salir de nuevo las ampollas de zapatillas nuevas, y NO quiero )

N. dijo...

Yo agrego:
que la música, además de ser Algo para Alguien, es Alguien para Alguien. Y por eso se
"siente",porque si o si tooooodo el sonido remite a alguna cara de alguien.

Cjau suerte Pieda Pai!

N. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
lala ~ dijo...

recuerdo haber leído la nota apenas las escribiste y sentirme muy identificada.. sin poder agregar más incluso.

lo primero que me atrae es la voz de victoria: incalculablemente hermosa la cual siempre me recordó mucho a nico, pero en otra atmósfera. definitivamente, el tipo de voz qué más me agrada: es natural, transparente y sincera. como todo el disco, es sobretodo sincera. y si bien puede lograrse esa transparencia con estudio, una voz así simplemente nace con vos. esa es la parte más genial de todas.. quizás sí, estudió, pero sólo un color de voz tan especial logra comunicar algo. no conozco muchas así.

teen dream me hace ridículamente feliz, y creo que es una síntesis de lo que me generan los anteriores discos. sobretodo el devotion, que en un principio me había encariñado tanto que no podía creer que teen dream me hiciera sentir aún más cosas. suena a que estoy enamorada de beach house. y sí, lo estoy. es un disco que (me) describe hermosos rítmos estando abajo de un árbol o en medio de la ciudad, pero siempre en soledad. y eso es lo que me hace tan bien: lo tomé como un disco muy propio, y hacía mucho que eso no me pasaba. es mio y de nadie más, y aún cuando suena egoísta creo que somos muchos los que pensamos así.

(te veo en todos los guestbooks, menos en el mio. creo que te está esperando con un lemmon pie/pai)

Chacho dijo...

Y che, a mi me parece que ya bastante bien estaba lo de leerlo a Caicedo mientras escuchás Beach House como para que te mandés pavada de nota. Hace un ratito Gonchi cumplía sus 24 y yo le regalaba el libro que citás. Espero que no sea pavoneo intelectual eso de andar citando y que te haya conmovido posta el colombiano.
Lo del Sábado me puso bien feliz, loco, te lo tengo que decir con esas palabras a ver si me creés (de ahí a que te la creas es otro asunto que no esperemos). Prende la correspondiente vela para el próximo Lunes (primer round) y va el protocolar abrazo.
P/D: ¿Escuchaste el disco de Real Estate? No lo que salió hace poquito, el otro, el homónimo. A mi me pareció que está bastante bien, fijate. Mientras tanto, Microcastle me sigue volando la cabeza (te tengo que contar, casi me muero en una ruta neuquina escuchando ese discazo, por lo menos).

santi dijo...

tome una decisión fuerte y me gustaria que te enteraras por mi primero... (lease http://fewvariableschange.blogspot.com/2010/02/ja.html) no sos vos, ni tampoco soy yo, son ellas!!! tus firmas estaban bien buenas pero la cantidad de pelotudas que firmaban ya me agobiaban, y la moneda cayo por el lado de la soledad.


pero EL SHOW DEBE CONTINUAR PAIRONE, pongamosnos las galeras a lo pachano para encontrar nuevas vias de comunicación jajaja

espero que estes bien, tengo algunas cosas que contarte, ojala nos reencontremos por ahi rapidamente.





RAPIDO PAI RAPIDO!!!!!!!!

santi dijo...

(relei la firma y quedo como re dramatico el anuncio. es una pelotudez, pero yo se que te encantaba firmarme porque te sentias que alguien de mi categoria te daba un poco de atención al menos un rato, ah para ricky forttt. pero se que vas a poder hacer frente a la situacion como el hombre de bien que sos.. ah seguia la tragedia jajajja)