Canción escondida




Como si formaran parte de una historia cíclica tendiente a repetir sucesos que parecían agotados, las estrategias de comercialización de la música popular han vuelto a enaltecer el valor individual de las canciones. Sin embargo, más allá de ser una consecuencia lógica de los vaivenes de la industria discográfica, esta recuperación del valor propio de la canción -es decir, como unidad mínima de expresión, más allá de los límites de un disco- parece ser el reflejo de un nuevo tipo de hábito a la hora de escuchar música. Se trata, sin dudas, de un proceso complejo que involucra mayores posibilidades de acceso y múltiples formas de apreciación por parte de los oyentes. Un proceso en el que lo efímero pasa a ser un rasgo fundamental a la hora de comprender el lugar de la música en la vida cotidiana.

De hecho, luego de lo que parecía ser una victoria definitiva contra la popularidad del simple y de décadas en las que el valor y el concepto global de un álbum prescindieron de la importancia relativa de cada canción, el disco como totalidad expresiva parece haber perdido su importancia simbólica. Para muchos, los discos han dejado de ser obras totales para pasar a ser simples catálogos de canciones que cobran vida por sí solas o en listas aleatorias propias de un nuevo modelo de escucha (fragmentada, mixta, urbana). En consecuencia, las dudas respecto a la viabilidad del formato empiezan a aparecer y cuestionan el fundamento mismo de su existencia. Si lo que se escucha mayoritariamente son canciones “sueltas”, ¿qué lugar ocupan los discos? En definitiva, ¿un álbum es capaz de construir genuinamente un vínculo total entre cada uno de sus fragmentos o se trata, simplemente, de un mero conjunto de canciones?

Ejemplo. Hace poco menos de un mes These New Puritans editó Hidden. Para muchos, uno de los discos más oscuros de este comienzo de año y un gesto de arrojo creativo a cargo de una banda dispuesta a evadir etiquetas en cada nuevo proyecto. Por sus características propias, podría decirse que Hidden es un disco extraño al oído pero fiel a su momento histórico. Las influencias que se perciben -hip hop, música árabe, jazz, electrónica experimental- son tan amplias como la idea misma de world music pero, aún así, esta conjunción heterodoxa de elementos termina dando forma a una expresión genuina, definitoria para la identidad camaleónica de la banda. Sin embargo, y paradójicamente, lo más singular detrás de Hidden aparece de la nada y se concreta en un momento en particular. Es una canción. Una canción que puesta en el conjunto es capaz de modificar una lectura global de todo el álbum y puede servir para entender cómo funciona la actualmente vapuleada relación entre canción y disco.

Concretamente, “Hologram” puede ser considerada como una de las canciones fundamentales de los últimos tiempos en términos de música pop. Eso puede advertirse desde la primera vez que se oyen los acordes de su introducción y la particular progresión de sus partes. También se aprecia en sus arreglos de vientos y en la impostación de la voz en función de los distintos “momentos” de la canción. Pero lo más importante es que detrás de todos esos recursos se percibe esa sensación que identifica a las canciones únicas, aquellas capaces de cambiar la vida de quien las escucha. Por eso, en apenas dos minutos y veintitrés segundos de duración, “Hologram” es capaz de provocar un conjunto de sensaciones que en el resto de Hidden ni siquiera son capaces de insinuarse. Y más allá de lo que pueda entenderse a partir de una descripción detallada de su exquisito tratamiento formal, lo que importa es ese aura que se impone mágicamente de inmediato. Eso que se descubre al instante, simplemente escuchando.

Sin embargo, y pese a las características que hacen de esta canción un momento musical superlativo, el valor de la misma no se reduce a sus propios límites. En realidad, “Hologram” es -al mismo tiempo- mucho más y mucho menos que Hidden. Por un lado, se trata de una canción excepcional que dentro del disco no encuentra comparación y, de hecho, parece estar escondida dentro del conjunto grupal. Pero por otra parte, el resto del disco ayuda a edificar a “Hologram” como ese momento especial a partir de una determinada línea conductora que encuentra en esta canción su expresión más osada, evitando los posibles lugares comunes que comparte el resto de la lista. Lo que se produce, en definitiva, es un vínculo entre un pequeño fragmento y el todo que lo contiene. “Hologram” hace que Hidden encuentre un sentido más acabado con un pico de intensidad incuestionable pero, a su vez, Hidden es el cimiento necesario para que “Hologram” exprese su potencial al máximo desde una obra que ayuda a moldearla conceptual y formalmente.

De esta manera, Hidden termina siendo el contexto en el cual “Hologram” desarrolla su especificidad. De hecho, ciertas huellas del proceso creativo que se evidencian en la canción terminan siendo necesarias para entender el origen de ese cúmulo de recursos e intenciones que dan forma a una construcción sobresaliente. Esto no hace más que dar cuenta de un proceso en el que la música ha pasado por distintas formas y ha dado lugar a distintas canciones, todas bajo una mirada común. Por eso, y a pesar de ser un momento de excelencia, “Hologram” no deja de ser parte de un tiempo de trabajo que These New Puritans sintetiza finalmente en Hidden. Así, el disco -o el todo- posibilita que la canción manifieste su complejidad interna como un rasgo distintivo pero, no obstante, esa distinción encuentra su posibilidad y su razón de ser junto al resto de las canciones. En un camino compartido.

Por eso, más allá de la tendencia proclive a identificar a las canciones como realizaciones puras, únicas e, incluso, abstractas -como salidas de la nada-, también es posible entenderlas como partes de un conjunto más abarcativo, es decir, como distintas aristas de un proceso creativo amplio. Esto no hace más que legitimar la importancia de un álbum como una instancia superior a un mero compendio de canciones aleatorias y como un momento artístico por sí mismo. Pero, además, deja en claro que canciones como “Hologram” necesitan de discos como Hidden y, sobre todo, del proceso creativo que origina a cada unidad dentro del conjunto. Por ende, y a pesar del modelo de escucha predominante, son muchas -no todas- las canciones que siguen ligadas permanentemente a su contexto interno de creación y no pueden separarse del proceso que las originó. En definitiva, no suponen simples productos de la contingencia. Siguen siendo pequeños fragmentos de una construcción artística compleja.

Juan Manuel Pairone

3 comentarios:

lala ~ dijo...

siento que leí la justificación de la existencia de un disco a partir de una canción, y viceversa. necesito escuchar eso..

santi dijo...

uh me lo bajo SHA


(terminaron los dos capitulos de lost y no sé... sinceramente no se (?))

Marie- dijo...

no conozco, pero voy a bajar algo..
un saludo pai :)